Hay algunos sitios tocados por la
gracia divina y otros malditos por la mano del hombre. Aunque también puede
ocurrir al contrario: que la inspiración humana convierta un lodazal
en paraíso terrenal. Incluso a veces, se da todo lo anterior a lo
largo de los episodios de la vida de una población.
Pero dejemos los
misticismos a un lado y vayamos a los datos concretos.
Guardamar del Segura,
municipio costero del sur de la provincia de Alicante muy cercano a la
"frontera" con Murcia, cuenta con unos 15 mil habitantes y
evoluciona desde un pasado pesquero y agrícola para sufrir la suerte de la
mayoría de pueblos de nuestras costas mediterráneas (subirse al
tren del turismo de sol y playa para generar ingresos).
Como su nombre indica,
está situado junto a la desembocadura del río Segura, que tras un
recorrido de 325 km junta sus aguas dulces con las marinas formando
un ecosistema específico de cierta importancia para aves y peces.
Guardamar ha tenido que
afrontar a lo largo de su historia una serie de catástrofes y
desgracias que habrían hecho emigrar a más de uno. Hoy hablaremos
del monstruo de arena, que es como hemos decidido llamar al sistema
dunar que se extiende a lo largo de su litoral.
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Aspecto del sistema dunar a día de hoy |
Dunas, playas de fina
arena, suave, dorada... el sueño de cualquier agencia de viajes
¿verdad? Pues este paraíso, o infierno para el caso que nos ocupa,
estuvo a punto de tragarse a la población, de deglutirla,
literalmente.
Finales del siglo XIX: los guardamarencos están más que preocupados. Las dunas avanzan a una rapidez vertiginosa, entre 2 y 8 metros al año, desde la playa hacia sus casas. Poco a
poco van sepultando las parcelas de labor, incluso han hundido los
techos de algunas viviendas. El avance es imparable. Crece el
desierto, la arena lo invade todo. El pueblo está sentenciado.
Hay
que buscar una solución pero ¿cómo ha llegado el pueblo, que desde
época musulmana está enclavado aproximadamente en el mismo lugar, a
esta situación?
Pues bien, sin necesidad
de darle demasiadas vueltas al asunto podemos decir que fueron tres
las razones que dieron nacimiento al monstruo de arena.
- Los fuertes vientos de levante comunes en esta zona, que empujan las arenas hacia el interior.
- Las torrenciales avenidas del río Segura erosionan todo aquello por donde pasan, llevando numerosos materiales hacia el mar, que posteriormente serán depositados en la costa y empujados por los vientos de levante citados en el punto anterior.
- La deforestación. Durante el siglo XVIII, y con la finalidad de obtener madera para construir los buques de guerra de la armada española, se talaron los bosques que bordeaban el río Segura, de manera que el terreno quedó yermo y la tierra "suelta", por lo que fácilmente era arrastrada por las avenidas torrenciales del río Segura y posteriormente amontonada en la costa gracias a los fuertes vientos de levante.
Así fue.
Por suerte llegó alguien
para hacerse cargo de la situación, el ingeniero de montes Francisco
Mira y Botella, que dedicó 28 años de su vida a frenar el avance de
las dunas. Evidentemente no lo hizo solo; todo Guardamar estuvo
trabajando junto a él durante todos esos años sin descanso para
salvar al pueblo.
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Busto del ingeniero Francisco Mira y Botella |
Francisco Mira tenía un
plan. En primer lugar había que frenar el aporte de arena que
arrojaba el mar. Para ello pensó que lo mejor era construir una
contraduna. Para eso, había que dejar que la arena se amontonase en
primera línea de playa, pero no más allá, así que el ingeniero decidió construir una valla con tablones separados entre sí un
par de centímetros, y cuando esta barrera quedaba sepultada, se
levantaban los tablones, de manera que el montón de arena seguía
creciendo. Y una vez alcanzó los 4 metros de altura, se fijó
plantando sobre ella ágave y otras hierbas; ya teníamos el muro que
impediría que el mar siguiera vomitando arena tierra adentro.
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Panel de cerámica que ilustra el proceso de creación de la contraduna |
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Pasarela de madera sobre la duna de primera línea de playa |
Ahora había que fijar las dunas móviles que quedaban entre la población y la contraduna. Guardamar tenía por delante nada menos que 800 hectáreas de arena por repoblar.
Esta segunda tarea iba a
ser larga en el tiempo y dura en el esfuerzo, pero permitiría que
las gentes del pueblo ganasen un sobresueldo que aumentara sus
exiguas ganancias en la pesca o en el campo. Se plantaron un total
del 600 mil pinos, 40 mil palmeras y 5 mil eucaliptos. Como no era
posible traer de ningún lugar tal cantidad de árboles, se crearon
in situ varios viveros en los que se criaban la plantas. Tras plantar
los pinos jóvenes, había que protegerlos de las arenas voladoras,
para lo cual el suelo se cubrió con ramas de pino, que los
protegían y les daban humedad.
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Vista de la pinada desde el castillo, entre el pueblo y el mar |
El trabajo fue titánico, y la voluntad de salvar al pueblo heroica.
Hoy la pinada de Guardamar es uno de sus principales atractivos turísticos, con sus largos paseos y tesoros arqueológicos ocultos durante siglos bajo las arenas, como una rábita califal del siglo X o una ciudad fenicia del VIII a. C.
Sin embargo, el monstruo de arena solo ha sido aplacado por un tiempo. La amenaza pervive y la pinada es un ser vivo que hay que cuidar y proteger. Algunos pinos enferman y las arenas se vuelven a adueñar poco a poco del lugar. El urbanismo especulativo tiene su parte de culpa en el impacto negativo sobre este frágil ecosistema.
Todo está aún por ver.
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